Cada día vemos lo difícil que resulta ya separar
la vida privada de la laboral. De su
equilibrio depende
nuestra felicidad y, para alcanzarla, imaginamos las empresas
como un conjunto de comunidades que sepan
dar centralidad a las personas.
Ha llegado el momento de impulsar una tecnología
encaminada a incrementar el
valor de la participación
y el conocimiento, que valorice la inteligencia humana,
además de la inteligencia artificial.
El Manifiesto de la Interacción Natural aspira a ser la estrella polar
que guíe el
cambio de todas aquellas empresas y personas
que persiguen la felicidad.